Lo difícil está en encontrar a álguien que te deje poner los ladrillos, álguien que no se queje de las paredes todo el tiempo, álguien que no quiera cambiar los pisos o la pintura cada véz que ya no les place. Álguien que valore esa casa que poco a poco les construiste.
El chiste yace en encontrar a álguien que no la vaya a demoler.
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